La costumbre de ahuecar y tallar las calabazas para convertirlas en una lámpara, tienen su origen en el folcklore irlandés del siglo XVIII. La leyenda que le da origen a esta tradición, cuenta que por aquella época exitía un personaje que no era reconocido por sus buenas prácticas.

Stingy Jack también conocido como Jack O'Lantern era un notorio bebedor y estafador que pasaba sus días borracho debajo de un roble.  Un día en su afan de algún licor, le vendió su alma al diablo por 10 años, a cambio de un poco de vino. 

Pasado el tiempo, el diablo buscó a Jack para llevarse su alma; pero antes, él le pidió que le bajara una manzana que se encontraba en la copa de un árbol. El demonio accedió, pero cuando se encontraba arriba, Jack talló un crucifijo en el tronco y esto no le permitía bajar. 

El diablo quedó libre luego de hacer un trato con Jack, el cual consistía en no volver a reclamar su alma. Por un momento, O'Lantern pensó que se había librado y que todo iba a estar bien.

Luego de unos años, Jack murió. No pudo entrar al cielo porque en vida había sido una mala persona. Al ir al infierno el diablo tampoco lo dejó entrar, porque había prometido nunca reclamar su alma. Como no tenía a donde ir, el demonio lo envío a la tierra, estando muerto. 

Como compenzación el diablo le entregó a Jack un carbón encendido para que alumbrara su camino en el mundo de los vivos. Él lo metió dentro de un rábano que llevaba en su bolsillo, ya que le encantaban y hasta el día de su muerte siempre cargó uno.

Durante muchos años los irlandeses utilizaron los rábanos para fabricar lámparas el 31 de octubre, las cuales mantenían alejados a los malos espíritus. Cualdo los inmigrantes llegaron a Estados Unidos, se dieron cuenta que habían más calabazas que rábanos, y desde entonces el material de fabricación fue otro.