universia
Extroversia
Ocio-Cultura Colombia
Buscador Google  
| Inicio > Reportajes > FOROS  :: REGISTRO  :: CONTACTO  :: FAQ  :: RSS  :: EXTROVERSIA GLOBAL
 CONTENIDOS
a
c
imagenes

Inicio / Salvaguardias del patrimonio / Reportaje /

Salvaguardias del patrimonio

El Teatro Café Cádiz, el Instituto Cultural León Tolstói y Mapa Teatro son tres lugares en Bogotá que hacen parte del inventario de su patrimonio arquitectónico, están en pie gracias a las acciones que han realizado algunos ciudadanos comprometidos con estos míticos lugares que el Estado olvidó por completo.

Texto: Andrea Amaya Porras y Carla Giraldo Duque
Fotos de: Andrea Amaya Porras

amayitasi@gmail.com

La buena vecindad del Teatro Cádiz

En medio del Centro Urbano Antonio Nariño -frente a Corferias en Bogotá-, se encuentra el Teatro Cádiz, un cinema que funcionó durante los años sesenta y setenta y que estuvo abandonado durante más de 20 años, cuando se convirtió en el refugio de indigentes y maleantes. A partir de 2006, un grupo de vecinos y residentes del conjunto comenzó a recuperar el inmueble.

imgenes de reportaje

El Centro Urbano Antonio Nariño fue el primer proyecto de unidad residencial en Bogotá, construido en 1952 -por encargo del Ministerio de Obras Públicas del gobierno de Laureano Gómez- como solución de vivienda popular masiva. Los diseñadores se inspiraron en los conceptos de la arquitectura moderna de Le Corbusier, y lograron que en ese conjunto de 23 edificios se aprovechara al máximo el espacio y se respondiera a las necesidades básicas de sus habitantes, con zonas sociales, comerciales y recreativas: una ciudad dentro de la ciudad.

Por ser una de las pocas unidades multifamiliares en Colombia que conserva sus valores arquitectónicos originales fue declarado monumento nacional.

El Teatro Cádiz daba tristeza cuando Fabián Acosta y su esposa llegaron a vivir al Centro Antonio Nariño. A ellos y a otra pareja de amigos los impresionó tanto su estado de abandono, que presentaron a la Junta Administradora del conjunto un proyecto para reabrir el espacio con trabajo social de la comunidad. Ante la negativa, tuvieron que esperar tres años por el cambio de administración y, finalmente, en 2006 pusieron manos a la obra.

“El teatro era una olla, los pelaos le habían quebrado todos los vidrios y se metían a hacer sus necedades ahí; por eso se pensó en un café, para que a partir de ese sitio de encuentro el teatro se transformara”, dice Fabián, quien por su formación en Literatura y en teatro se encargó de recuperar este espacio para las expresiones culturales. Para lograrlo, la Administración puso los materiales, y Fabián, su esposa y varios amigos hicieron el trabajo de carpintería, plomería, pintura, electricidad y otros oficios.

El Cádiz tiene cuatro niveles: sótano, vestíbulo, teatro y una cabina para el manejo de las luces y la proyección. Para el arquitecto Ricardo Trejo, de la Universidad Nacional Autónoma de México -quien llegó a Bogotá interesado en estudiar proyectos de conservación arquitectónica-, es una construcción funcionalista muy interesante, porque en el vestíbulo se encuentran el acceso, la cafetería y el foyer o antesala de la zona de butacas.

imgenes de reportaje

La “brigada de rescate” logró sacar con una motobomba el agua que inundó el sótano durante años: “Tan bien construido estaba el edificio que no se cayó”, apunta Fabián. La estructura y los acabados son originales, las lámparas del techo también, y lo único que han alterado es el color. Al remover algunas capas de pintura roja, descubrieron que una de las pinturas originales era clara, y decidieron pintarlo de blanco.

Pero en el inventario faltan muchos arreglos: las goteras del techo, los dos proyectores de cine, vidrios para reemplazar los plásticos de las ventanas, etc. Con apoyo de la Administración se arreglaron los baños de mujeres; con donaciones de Cine Colombia y Cemex, las sillas, los suelos y los desagües; con el premio para proyectos socio-culturales de Corona se va a hacer el baño de hombres y un camerino y el sótano se va a adecuar para talleres de teatro, cocina y salón de ensayos musicales.

Claro que no es fácil conseguir los recursos porque, como dice Fabián: “Ser patrimonio puede ser un castigo, porque no hay ayudas que compensen los gastos excesivos que tiene una casa patrimonial, por eso muchos propietarios de Teusaquillo las cierran para que se caigan solas; lo que el gobierno hace con la ley es lesionar los bienes patrimoniales”.

 

imgenes de reportaje


Con el patrocinio de

Grupo Santander

Universia Colombia S.A.
Calle 78 No. 9-57, piso 2, Bogotá D.C.
Tel. 57+1 255 9209
serviciouniversiacol@universia.net