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Maicao, la capital de los ‘turcos’

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Atardecer en El Faro, Cabo de la Vela. / FOTO ANDRÉS JÁCOME

Tradicionalmente esta población ha sido reconocida por su comercio, por ser fronteriza y por tener una de las comunidades árabes más grande del país. Maicao fue un fuerte polo comercial en los años 80 y también uno de los escenarios donde el contrabando fue evidente y reconocido.

Hoy esta ciudad, ubicada a 45 minutos de Riohacha, se sigue sosteniendo con un comercio basado en lencería, juguetería, perfumes y ropa. “Maicao no es lo que era, ahora se consiguen chucherías, aunque se pueden conseguir a veces cosas buenas. Antes la cosa era distinta, era lo último en tecnología, ya esas cosas no se ven”, explica Donato Pugliéser, un guajiro residente en Riohacha.

La ciudad de Maicao es el principal centro de presencia árabe en Colombia con unos 6.000 habitantes. Los árabes, llamados erróneamente ‘turcos’, porque entraron hacia fines del siglo XIX con documentos del Imperio Otomano (hoy Turquía) que entonces regía el Medio Oriente, son procedentes de Siria, Líbano, Palestina y Jordania y se integraron a la sociedad colombiana trayendo y conservando su huella cultural como lo son sus expresiones, alimentos, arquitectura y religión.

En Maicao se pueden ver colombianos vistiendo los atuendos propios del Medio Oriente y hablando en su idioma, oran seis veces al día como lo indica el Corán, su libro sagrado, y sus mujeres están con mantas que ocultan su cabello. Está además la Mezquita más grande de Latinoamérica, aunque los musulmanes colombianos son una minoría en comparación con otros países del continente.

Es curioso ver como los guajiros, en su mayoría, son empleados de todos los comerciantes árabes, aún así la convivencia es tranquila... “no nos metemos con ellos y ellos no se meten con nosotros… son muy bravos”, dice un comerciante paisa que también vende toallas, sábanas y tendidos.

Una tarde de ranchería.

Wayuu significa tierra del maíz y La Guajira es el hogar de la mitad de este pueblo indígena, la otra mitad se encuentra en territorio venezolano. Su capital indígena es Uribia y aún conservan parte de su legado cultural aunque comparten gran parte de su vida con la cultura del resto de los guajiros.

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Baile de la Yonna en una ranchería Wayuu. / FOTO ANDRÉS JÁCOME

Algunas rancherías han creado un producto turístico para que los visitantes conozcan un poco de su cultura es así que a las afueras de Riohacha se concentran algunas. Sain Wayuu es el nombre de una de ellas, traduce Corazón Guajiro, y según María, una de las ancianas que la dirigen es un hogar donde se conservan todas la tradiciones.

Una de la pregunta más recurrentes es: ¿De verdad que se compran las mujeres?, María llena de sabiduría explica: “La dote es la cuota que se le paga a la familia de mujer de acuerdo a su casta, pero no es comprándola a ella sino es la manera de ganar una familia, de ser parte de ella, así el pretendiente pasa a ser respaldado, a recibir lealtad y apoyo… se vuelve un nuevo hijo y se hace de acuerdo a la tradición, aunque eso se da en las poblaciones más alejadas, en la Alta Guajira”, dice María.

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Calles de Maicao. / FOTO ANDRÉS JÁCOME

 

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