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A la aventura

Las riquezas hídricas de toda esta área se ponen a disposición para los turistas. Las cascadas, el Río Negro, los termales y las rocas y montañas están a la orden del día. Una novedad se adecuó para iniciar el rafting o descenso por bote inflable en el río. Se trata del aprovechamiento máximo de los recursos donde un motor de una motocicleta de 125 c.c. adecuado se convierte en la fuerza para arrastra un pequeño trencito que circula por los rieles de una olvidada vía férrea.

“Necesitábamos ver cómo podíamos subir los botes y las personas para que funcionara esto. Entonces se nos ocurrió adecuar el motor de una moto vieja, con cambios y todo, para tirar el vagoncito dónde va la gente y los botes. De esa manera aprovechamos los rieles y a la gente le gusta porque es distinto”, afirma Yulián, uno de los guías de Dosis Verde.

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 Las mejores épocas para el canotaje son desde finales de año hasta Semana Santa.

Y es que si es un paseo diferente. El motorcito se prende al mejor estilo de las motos (patada motociclista) y se inicia el paseo que no supera los 15 kilómetros por hora. La vía férrea por donde va el vagón bordea el río, entonces la vista y lo curioso del recorrido le coloca un plus especial antes de tomar los botes y descender por el río.

Eso sí, quienes van en las orillas del vagón tienen que tener la precaución de no dejarse distraer por lo bello del paisaje, porque las ramas de la vegetación le pueden dejar una marca en la cara que, a pesar de la baja velocidad, abofetean, todo porque hace muchas décadas no pasa el verdadero tren que le que dio vida a aquella zona rural y la vegetación ha crecido sin ninguna traba.

Luego de casi media hora del particular viaje se llega al punto de partida. En ese sector del río no existe una especie de playa o rivera para echar a andar aquellos ‘buques’. Por eso la estación es en medio de la nada donde los guías, propios de estas tierras, adecuaron con varillas de hierro una estructura por la que deslizan los botes que caen al agua, su hogar natural. Una manera de atravesar la montaña.

Mientras tanto los turistas descienden por una escalera hecha por piedras que pasa una espesa vegetación y que de un momento a otro desemboca a una gran roca que encausa la fuerza del río Negro, protagonista de esta historia.

Al ataque
Como es habitual en los recorridos del rafting son infaltables las charlas de seguridad y las instrucciones preventivas. Cada guía revisa el casco y el chaleco ajustado de cada tripulante antes del recorrido. Vienen las instrucciones en los botes para los remos y los rescates, de allí se parte, varias embarcaciones toman el reto de descender por el río Negro.

Épocas como finales de año o Semana Santa son las más apropiadas para lanzarse río abajo, la razón es que las lluvias por esos días son más intensas y hace que el caudal aumente, dejando mayor espacio para la maniobrabilidad de cada bote y, por supuesto, para que las olas naturales que se hacen en el río incrementen los niveles de adrenalina.

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 El torrentismo es otra de atracciones, consiste en descender en una cascada.

El río es generoso, a pesar que su caudal no es el sueño de los guías es suficiente para los turistas neófitos en temas aventureros. Remos arriba es la típica celebración de los tripulantes cuando su bote supera un obstáculo. El guía orienta mientras que quienes llevan los remos se toman el tiempo de entender que cuando se dice “izquierda adelante” los que van por ese lado deben seguir órdenes de su capitán, de lo contrario el éxito para evadir las rocas se queda en ilusión.

Las subidas y bajadas son constantes y luego de 10 minutos de recorrido ya la sensación abordo es de un absoluto marinero en un portaviones, por ello la probable tensión inicial se va convirtiendo en ganas de más, allí la adrenalina hace su trabajo. El descenso continúa y el conocimiento que tiene el guía sobre el río es fundamental para no quedarse atrapado y para buscar aquellas emociones que no son tan frecuentes en días de verano.

Las embarcaciones que van en este mismo paseo se encuentran y  juegan a la guerra, el agua se convierte en munición y aquellos que aún no están íntegramente empapados se arriesgan al bombardeo mayor. Sin embargo es una obligación mojarse y para ello el guía recurre a su experiencia para voltear el bote y garantizar que se cumpla con el objetivo.

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 La práctica del rappel se realiza con todo el equipo de seguridad con el fondo del Río Negro.

Las lecciones sobre el rescate se ejecutan acá, aquellos que sienten cierta aberración por los ríos enfrentarán su miedo para subir de nuevo al bote luego de que el guía lo voltea. Los más osados siguen nadando un poco porque se llega a una estación en el intermedio del recorrido, es hora de un chapuzón y para eso hay una piedra que cumple las funciones de trampolín. Es hora de disfrutar del agua natural bajo un sol que ubica el ambiente en unos agradables 30 grados.

Se retoma el recorrido y falta un descenso interesante: una serie de piedras a esquivar para no quedarse encallado, con cierto nivel de inclinación que hacen que se saquen más fuerzas para mover los remos, la prueba natural ya permite llegar tranquilo al sitio de arribo, una especie de malecón donde los habitantes de Útica cumplen con el clásico paseo dominguero.

 

 



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