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Un mundo propio y solidario
Para Castrillón, los clubes de lectores son espacios no autoritarios, ni elitistas, son vehículos de discusión que invitan a abandonar un esquema asistencialista, que siempre ha caracterizado a la mayoría de los programas de fomento de la lectura, en el que unos pocos que saben y que supuestamente leen, llevan sus conocimientos a los que no saben. Una clara muestra de lo que sucede en este programa lo expresa una de las acompañantes de los clubes de lectores, citada por Castrillón. Este es el testimonio de Paula Roa, en un club que funciona en un programa de rehabilitación de drogadictos: “Al darme cuenta del valor que tienen las palabras que transmito, y el impacto que tienen las de ellos en mi vida, los actos de escuchar, leer y sentir, han adquirido otro significado, mi experiencia de la lectura y de la mediación se ha transformado, a partir de llevarles lectura a otros mi vida es diferente, y no porque crea estar haciendo algo por ellos, no quiero caer en la compasión, sino sencillamente porque lo que me apasiona y lo que amo me ayuda a conocer el mundo y vidas diferentes, me permiten narrar mi historia a partir de las historias de otros, y sé también que ellos narran las suyas de otra forman, cuando las palabras los tocan y son capaces de mirar un libro y sentirse asombrados, sentir belleza y perplejidad”. Las palabras de Paula hablan de ese intentar construir un mundo propio y solidario al que se refiere el director editorial de Siglo del Hombre Editores, Ángel Nogueira Dobarro, en su ponencia sobre la actual y futura función del libro y de la lectura, en el mismo certamen académico y cultural.
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