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El Gran Señor y sus acompañantes

Según las investigaciones e interpretaciones realizadas por el arqueólogo Walter Alva y su equipo de trabajo se ha podido decodificar la simbología de esta sociedad preincaica que alcanzó un avanzado desarrollo social, político y económico. Todo este progreso se hace visible en esta muestra que consta de una réplica de la cámara funeraria con los diversos personajes y elementos que lo acompañaron en su paso por la muerte, más 132 piezas de alfarería de destacado valor cultural que fueron recuperadas de las manos de saqueadores y coleccionistas.

La cámara funeraria del Señor de Sipán
La cámara funeraria del Señor de Sipán estaba compuesta por dos construcciones de adobe y los ataúdes estaban hechos en caña brava y madera de algarrobo / Foto: Tania Lucía Cobos

El santuario donde fue encontrado El Señor de Sipán (llamado así porque fue hallado cerca a un pueblo que lleva ese nombre) constaba de distintas cámaras o espacios diseñados para que otras ocho personas lo acompañaran. En la excavación desenterraron los cadáveres de una mujer quien se cree era su esposa, otras dos, posiblemente concubinas, un niño, un jefe militar y un vigía con los pies cortados a razón de que no abandonara a su amo en su paso por la eternidad.

Lo que en su momento llamó poderosamente la atención al equipo de investigadores fue el exceso de ornamentos que se encontraron en la tumba: Narigueras, pectorales, brazaletes, tocados, coxaleras, entre otros elementos que dan testimonio del avanzado nivel de la orfebrería Mochica y que apreciarán los colombianos.

Se tiene la certeza que todos sus acompañantes fueron envenenados para que le hicieran compañía. “En la cultura Mochica no se cumple el adagio que dice que “uno se muere y nada se lleva”, allí,  ellos fueron sacrificados porque simplemente no podían servirle a otro señor” , exponía Eliana Cardona, monitora de la División Educativa y Cultural del Museo Nacional de Colombia quien además señaló que los gobernantes eran considerados semidioses, prueba de ello, lo encontrado en el santuario.

El hallazgo de este complejo funerario se dio en 1987 y de inmediato los arqueólogos se dieron cuenta que éste era sólo el primero de una sucesión de descubrimientos que permitieron apartar el velo de una sociedad real que tenía una organización y estratificación social claramente definida.

El santuario tenía seis niveles. Debajo de él hallaron al sacerdote o líder religioso y más abajo a un hombre a quien denominaron “El Viejo Señor de Sipán”, debido a que su ajuar era muy parecido a los extraídos en el primer nivel y además porque a través de las pruebas de ADN se descubrió el parentesco en al menos cuatro generaciones, entre estos personajes, es decir, pudo ser un gobernante que lo antecedió en cien años.

La cuenta del collar Las dimensiones y el peso de los collares y la cuentas. El Señor de Sipán
La cuenta del collar que utilizaban los gobernantes durante ceremonias especiales / Foto: Tania Lucía Cobos

Las dimensiones y el peso de los collares y la cuentas llaman la atención a los visitantes del museo / Foto: Tania Lucía Cobos

Las pruebas de ADN y sus revelaciones

Ha sido tan categórico el interés en este hallazgo que organizaciones internacionales como la National Geographic Society y la Fundación Heinz financiaron estudios que revelaron que el Señor de Sipán medía 1.67 metros aproximadamente, que murió entre los 35 y 40 años de edad, que tenía una insipiente artritis y según las pruebas dentales realizadas se determinó que su alimentación era óptima, pues sólo tenía una caries. Hoy se puede recrear con exactitud como era el rostro de este dignatario.

Avaricia dorada

En la ciudad de Chiclayo, al norte del Perú, se vivió a inicios de 1987 una efervescencia
por el oro, la reactivación de la huaquería en esta vasta zona del país corrió como polvora y la codicia y las pugnas por el control del territorio no se hicieron esperar, hasta el punto que asesinaron a uno de estos hombres, hecho que capturó la atención de las autoridades y de Walter Alva quien trabajaba en esa región.

“Lo triste de este proceso es que aunque se recuperen los elementos saqueados, éstos están totalmente descontextualizados y así se pierde mucha información porque no se sabe como estaban dispuestos originalmente”. Resalta Eliana Cardona.

Sólo fueron 300 dólares

Con mal contados 600 mil pesos colombianos suministrados por el gobierno del Departamento de Lambayeque, Walter Alva y 20 arqueólogos más emprendieron la quijotesca tarea de descubrir las entrañas de la cultura Mochica y en un golpe de suerte se encontraron con los restos que sacaron a la luz información que había sido considerada mitología, para convertirse en la demostración de la grandeza de esa civilización que antecedió a los Incas.