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La partida Y es que al mejor estilo de una película de ciencia ficción los soldados con ‘armas’ de pintura se dividen en dos equipos de siete. Tranzan las reglas del juego, en esta oportunidad acuerdan que gana el equipo que extermine primero al otro con las marcadoras. Cada escuadrón agrupado se ubica en el lado del campo que le corresponde, se da la orden de inicio y comienza el juego. Cada jugador debe tener la habilidad de disparar las marcadoras y al mismo tiempo buscar un destino seguro donde pueda evadir la munición ajena. Algunos se resguardan detrás de la torre, los doritos o el ‘snake’, nombres clave para identificar las trincheras. El sonido de todas las marcadoras activadas hacen sentir que el verdadero combate está por comenzar. Y así, como en ‘Rescatando al soldado Ryan’, cada grupo establece su estrategia. Normalmente el líder de cada grupo se ubica en una posición con mayor visibilidad, él trata de decir la ubicación de los rivales; los demás gritan donde se encuentran. Todo es a los gritos, porque si descuidan al enemigo tendrá una nueva mancha de pintura en su ropa y dejará a su equipo más vulnerable. “Torre derecha listo, ‘dolly house’ tres”, son algunas de las expresiones que se distinguen en medio de la adrenalina del juego. La mira y la posición de disparo siempre está a la orden del día, quienes puedan correr se tiran hacia las trincheras alargadas como ‘Matrix’, sin perder un segundo de nuevo buscan su objetivo y disparan. Fallan o eliminan, esa es la idea del juego. Poco a poco la estrategia de unos supera a los otros, normalmente un asalto de este tipo se liquida en siete minutos, tiempo en el que cada jugador tiene que ser responsable de si mismo y en pro de su equipo. Por ello tiene que superar los inconvenientes solo, como que se le acaben las municiones (normalmente llevan tarros con más bolas como proveedores), que se le acabe el gas a la marcadora neumática (tratan de llenar antes de jugar) o que se lastimen. Si uno de los compañeros trata de ayudar a otro lo más probable es que sean dos menos.
La trampa también hace parte del juego. Los más mañosos ya han adquirido la habilidad de limpiarse las manchas con el pasto o los obstáculos sin descuidar su frente, aunque ante todo existen unas normas de conducta necesarias para que le juego sea limpio. Una de ellas es no entrar a dar ráfagas a poca distancia, ahí las bolas si dejan morados e incluso abren heridas. “En los torneos organizados hay árbitros que van sacando a la gente que van marcando, ellos ven que los jugadores no se limpien y que no haya enfrentamientos entre ellos, normalmente lo que pasa en el campo se queda ahí, y si se molesta alguno al salir la montada de los demás es absoluta, de eso se trata el juego de quemar la adrenalina en el campo, afuera las cosas son como siempre”, puntualiza Pato, jugador y dueño de un campo de paintball. Esta partida duró menos de 4 minutos. La experiencia de los ganadores es muy evidente. Quedaron 4 con ‘vida’ y dejaron llenos de pintura a sus rivales, algunos se quedaron sobando por los impactos que demandan de una piel dura que solo el golpe de mucha municiones endurece. Así salen, se quitan la máscara, le colocan el protector al cañón de la marcadora y salen a hablar de las jugadas, contentos toman agua con la idea de regresar al siguiente domingo, ellos son un equipo y como tal desean ser los mejores de Colombia.
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