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Inicio / Parque Natural Estoraques / Reportaje / A la montaña De La Playa a la entrada del Parque Natural Los Estoraques hay sólo diez minutos a pie por una carrera destapada y que llega a una cancha de fútbol de arena donde se juegan los clásicos playeros: Arévalos vs. Claros. Ese improvisado estadio ya hace parte del Parque Natural Los Estoraques que tiene una primera estación, un kiosco, donde de manera improvisada, se vende agua, chitos, Bon Bon Bum y un suave y naranja guarapo.
En dicho kiosko también están los guías expertos del paraje, que a cambio de monedas aprovechan los visitantes veraniegos. De repente, salta una pequeña voz de 15 años y 1,50 metros de estatura cuyo dueño se hace llamar Óscar Eduardo Arévalo Claro –parece que no podría tener otros apellidos- que con autoridad revela los secretos de la particular montaña. “El recorrido dura entre una hora y 45 minutos, dependiendo del paso que llevemos, y su extensión es de 1.5 kilómetros. La zona más representativa mide 3 hectáreas y el parque en su totalidad llega a las 640 hectáreas aproximadamente”, dice Óscar en un discurso que parece una retahíla pero que es la única manera de saber del Parque, todo porque los guardaparques oficiales no están los domingos, cuando hay mayor afluencia de público. Esta área rocosa se conoce como Los Estoraques y fue bautizada de esa manera debido a que ese es el nombre de la especie de árboles que circundaban la zona. La tala de los campesinos y dos grandes incendios acabaron con la especie herbácea cuya sabia era utilizada para hacer champú. La teoría geológica de la formación de esta atracción natural habla de una gran meseta conformada por las áreas correspondientes a los municipios de Ocaña, La Playa de Belén, Acarí y Ábrego hace más de cuatro millones de años. Dicha meseta se sostenía gracias a una fuerte estructura ubicada en La Playa que se comenzó a ver afectada por grandes cantidades de agua que fueron permeando y debilitando el monstruo de tierra hasta su derrumbe. Los Estoraques fueron los únicos sobrevivientes de ese gran desplome y la parte más alta de este rincón colombiano.
Las formaciones como se conocen hoy en día están en constante transformación debido al clima, las lluvias y a que hace poco fueron tomadas las medidas gubernamentales para su conservación. La vegetación que rodea es muy limitada por las condiciones del terreno, pero la fauna tiene sus representantes como en once especies de serpientes. Aquí de nuevo aparecen los Arévalo Claro quienes se tomaron la molestia de adornar la entrada del recorrido por Los Estoraques con una especie de altar conformado por tres imágenes católicas, donde se practicaban ceremonias religiosas y que fue llamado ‘El sendero de la Virgen’. “En 2004 se realizó una misa de la señora Magola Arévalo, quien pidió, como última voluntad, que le hicieran una ceremonia religiosa allí y que sus cenizas fueran esparcidas desde la parte alta de las formaciones”, afirma el guía de 15 años que se ha convertido en un auténtico guardián de leyendas.
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