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Inicio / Coleo / Reportaje / “Cacho en la manga” Con esa frase se da inicio a esos minutos de adrenalina con la que los llaneros se inspiran y buscan lucirse ante el público. Con esa frase saben que ya hay un toro que busca correr más rápido que su rival y ganarle el duelo. Con esa frase el jinete se persigna, se encomienda, se concentra en el toro y la carrera. Con esa frase el caballo sabe que es hora de correr, de obedecer a su amo y explotar toda la velocidad de sus patas. Con esa frase comienza el espectáculo. “Pariente, se siente una emoción muy grande, es algo que pasa por el cuerpo y es difícil explicar, más bien mire cómo es y usted escribe”, responde Alejandro Cortés Villa, corto de palabras, ex campeón mundial y uno de los mejores del llano y quien hace binomio con Papelón, otro ganador.
Hay más de 35 grados de temperatura en la manga El Recuerdo de Yopal y hay un cacho en la manga. El coleador se persigna, mira hacia el cielo buscando protección, habla con su compañero, otro jinete que será quien arríe el toro, se dan algunas indicaciones, de inmediato el coleador entra en una especie de trance, su objetivo se vuelve el toro y su gasolina es la adrenalina que emana su cuerpo y contagia su caballo. Es hora. El anunciante repite “cacho en la manga” y con un banderazo amarillo da la orden para que salga el toro. La carrera inicia y el rejo del ayudante se agita en busca de que el vacuno corra más rápido. El binomio, caballo-jinete, comienza su trabajo, no hay gritos, ni órdenes, el caballo sabe lo que su amo quiere y aumenta su velocidad para lograrlo. El coleador se para en los estribos -parece que volara- con una mano sujeta la rienda y con la otra alcanza la cola del toro, la asegura, el toro casi que se pega y el caballo intuye que hay que acelerar la marcha. El coleador balancea su cuerpo al otro lado del rumiante ejerciendo la suficiente fuerza junto al puño que sostiene la cola de la víctima. La velocidad del caballo aumenta y la física hace su trabajo, tumbar al toro. De manera simultánea, el jinete que acompaña se separa y el coleador suelta el rabo del toro. Esa coordinación exitosa es la que permite que la bestia caiga limpia y sus patas vuelen por el aire. El jinete deja su mirada siguiendo las volteretas del vacuno y espera el anuncio: “Vuelta de Campanilla”, la gente aplaude y el toro luego de los botes se reincorpora, tiene cien metros más que seguir corriendo y el jinete de nuevo busca repetir la operación. Esto es coleo. Es así que los llaneros afianzan su cultura apegada al campo y al trabajo. Muchos de ellos, a pie limpio, con las señas del sol en su piel, con un sombrero permanente y con unas grandes y ásperas manos, viven su alegría, la que recuerda a sus antepasados, la que mantiene viva la tradición y la que los sigue destacando como hombres valientes y sencillos. |
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