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Inicio / Cárcel Distrital de Bogotá / Reportaje / Talleres alternativos Los talleristas son escogidos en cada pabellón por su buen comportamiento, luego de una semana de inducción deciden si quieren quedarse en el taller o no, tiempo suficiente para ver qué es lo que van a aprender en cada curso, más adelante se capacitan y tratan de estar en otro de los cursos o talleres.
Jorge Leonardo Layton Rodríguez es un interno que lleva unos meses en este taller del que dice que ha aprendido, su habilidad la encuentra en las manualidades que se trabajan en los atriles y muebles decorativos. Lo que más le ha gustado es el conocimiento y uso de las herramientas, esta es la primera vez que Jorge tenía contacto con este tipo de actividad El taller anteriormente se llamaba ebanistería y le cambiaron de nombre porque ebanistería es hacer muebles finos y la carpintería es la parte complementaria, aquí hacen todos el tratamiento con la madera y por ello se cambió. En la Cárcel se imparte una instrucción similar a la que se recibe en el Sena y es basada en competencias, para que tengan más elementos cuando salgan. “En la calle uno se encuentra con muchachos que hicieron el taller conmigo acá y que han salido y están trabajando en esto. Son pocos pero los hay y eso es muy motivante. Hay otros que ni idea, salen y no se sabe qué están haciendo. Es difícil resocializar a la persona aunque la mayoría tiene gran talento, el problema es que llevan una forma de vida que es complicado que la cambien”, explica el instructor. Para Alberto no es sólo enseñar a cortar una pieza de madera, hacer un ensamble o armar un mueble. Él dice que es un trabajo que lo llena porque además de ser un profesor los internos necesitan que los escuchen y es allí cuando ve que su misión se está cumpliendo, porque puede tratar de ayudar sin juzgarlos, al fin y al cabo la sociedad todo el tiempo lo hace. De pelos...
Hace más de un año el interno Giovanny había pasado un proyecto de peluquería y fue aprobado. Hoy cuenta con una especie de salón y alumnos en formación que se dan a la tarea de ofrecer este necesario servicio. “Anteriormente la peluquiada se cumplía los fines de semana y se realizaba en los pabellones, hoy lo hacemos en la zona de los talleres en jornada continua y atendemos toda la cárcel”, menciona Giovanny. “Cada día clasificamos un pabellón para atenderlo y más o menos en 20 días, con un promedio de 50 peluquiadas diarias. Tengo instruidos completamente a siete y otros cinco están en proceso de instrucción”, explica Giovanny. En la Cárcel Distrital también hay mujeres pero se encuentran separadas por causas de seguridad. Pero Giovanny espera la oportunidad para prestarles el servicio y sus conocimientos a ellas en unos talleres que se han caracterizado por la seriedad y profesionalismo de quienes lo integran. En actualidad cuentan con equipos, tocadores y sillas para seis personas y esperan seguir en aumento. Aunque Giovanny está próximo a salir quiere dejar a un grupo de personas para que el taller no se acabe. |
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