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Inicio / Cárcel Distrital de Bogotá / Reportaje / La fortuna de estar al otro lado de la reja Tradicionalmente la cárcel es vista como un escenario duro y hostil donde lo único que se espera es salir. Sin embargo el trabajo adelantado por el grupo de practicantes ha demostrado que con profesionalismo llegarles a los internos es cuestión de tiempo.
“Los practicantes hacen un proceso de inducción de una semana en el que no hay intervención, sólo reconocimiento al espacio, necesidades y normas, allí ellos miden si este es el lugar para hacer su práctica. Quien decide quedarse lo hace porque está convencido de que puede aportar, además hay acompañamiento permanente”, afirma Tatiana García Vélez Ha habido situaciones en las que los practicantes se enfrentan a duras realidades en medio del proceso. “Algunos que sean estrellado cuando se encuentran con amigos del barrio que están internos o personas que alguna vez conocieron pagando sus condenas. Eso te trastorna porque es tocar tu realidad, mientras no sea tu realidad no hay problema, pero cuando te toca es distinto. Esto hace cambios muy bonitos en ellos mismos”, comenta García Vélez. Precisamente esos golpes de la vida son los que le dan el valor agregado a estos profesionales que están completando su formación. La psicóloga recuerda una experiencia de unas trabajadoras sociales que basaron sus talleres en los valores, las muchachas reconocieron un gran cambio gracias al trabajo que realizaron con los internos. “Es como alimentar el espíritu, es ser agradecido con lo que nos han dado y tener la fortuna de estar al otro lado de la reja”. Un problema de todos En Colombia no existen sistemas que permitan hacer seguimiento de los muchachos que salen de las cárceles. En muchos casos los internos regresan al mismo ambiente que les permitió cometer los errores. “Hemos tenido procesos exitosos en los que los internos al salir se recuperan, en la mayoría de los casos es muy complicado porque los muchachos se enfrentan con los mismos problemas, los mismos ambientes y los mismos rechazos y allí el círculo vuelve a empezar”, plantea Tatiana.
Y es que el problema social toca a todos los sectores del país, sin excepción, la psicóloga cree que “si una persona sin antecedentes no consigue trabajo, imagínese lo complicado que puede ser para alguien que estuvo en una cárcel, además del rechazo de la misma gente, por ello es que reinciden. Pareciera que no hay alternativa. Este es un problema de todos y todos debemos contribuir... si no la cosa seguirá empeorando”. En todos los centros de reclusión del mundo se vive una situación particular y la Cárcel Distrital de Bogotá no es la excepción. Algunos internos encuentran allí un hogar para su vida y se resisten a salir, cuando lo hacen vuelven a delinquir para que sean nuevamente ingresados. “Pasa mucho. Por ejemplo con los indigentes. Acá tienen cinco porciones de comida al día, ropa limpia, un sitio para dormir y condiciones de seguridad mínimas que los hacen tener una tranquilidad que en la calle es difícil. Otras personas se acostumbran y saben qué delitos cometer para que los vuelvan a ingresar. Cuando tienen muchos problemas en la casa vuelven, conocen todo, cumplen su pena y se van... hasta la próxima”. Tatiana García recomienda a los practicantes que les interese hacer su pasantía en sitios como estos que deben querer mucho lo que hacen, querer ayudar a los demás con profesionalismo, entender que es una situación difícil pero no imposible y que todos, tanto internos como administrativos, son seres humanos y eso es justamente lo que permite darle la posibilidad a los todos de buscar una segunda oportunidad.
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