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Los bajos índices Un lector precario en Francia puede leer alrededor de nueve títulos al año, en Colombia el promedio no llega a un libro. A esto se suma el difícil acceso que se tiene a los medios tecnológicos a pesar de que con el tiempo y su masificación han bajado los precios.
“Los que deberían leer más, los maestros, son los que menos lo hacen. Si el niño no ve a sus padres leer y no hay libros en su casa no funciona. Incluso, a veces, el niño hace algo indebido y hasta lo golpean con un libro. Entonces no están creando a un lector si no alguien que va a tener resistencia a la lectura”, puntualiza el ensayista quien actualmente es director en Ecuador de la campaña nacional Eugenio Espejo, por el libro y la lectura. Otras versiones apuntan a que la apatía de los niños y jóvenes resulta por lo que les exigen en el colegio para leer. Ante el debate sobre el tipo de textos que se deben usar en el proceso de educación primaria y secundaria, Igüez afirma que no hay libros mejores que otros. “Si hiciéramos una encuesta entre grandes lectores los resultados van a ser diferentes porque a cada uno le llegan los libros de manera distinta, por ello cada uno debe encontrar los títulos que lo hagan sentirse bien. Inclusive una cosa me puede decir Dostoievski a los 15 años y otra diferente me dirá 10 años después o incluso tres días ya que el estado de ánimo es diferente”, explica el ecuatoriano.
“Estamos dejando por fuera de las estadísticas hechos reales de lectura como una cantidad de lectores inéditos que leen en computador. No se puede medir la intensidad de un lector por el número de libros leídos... que de malo hay que alguien diga que ha leído uno como la ‘Divina comedia’ a otro que lee 20 de basura”, sostiene Peña, quien ha basado su vida en los libros, como objeto de estudio y pasatiempo y quien fuera subdirector de Lectura del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc). |