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El tango / Reportaje /

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Una de las razones para entender la intensidad de la experiencia es que el tango parece tener un misticismo que trasciende el baile como actividad física. Toca a la persona, al alma. “Lo que más me gusta es la conexión que uno establece con otro ser humano, y que en cualquiera de sus géneros el tango es una danza improvisada, es expresar lo que nazca en el momento de la música”. También corporal y expresivamente es una actividad completa que despierta la sensibilidad y afina la percepción. “Uno siente que no se puede desconcentrar, que tiene que estar ahí con sus cinco sentidos pendiente de todo, del compás, del cuerpo de la pareja, sintiendo que no puede haber una pausa”.

Jennifer, estudiante de trabajo social del Colegio Mayor de Cundinamarca, llegó a Piazzolla hace dos años por una invitación a participar en una de las milongas. Se sintió identificada con el ambiente y desde entonces hace parte de la escuela. Para ella, que ha estado interesada en el tango desde pequeña, la música multiplica sus sentimientos.

“Son muchas las emociones que uno experimenta bailando tango: tristeza, melancolía, alegría… uno alcanza a sentir un poco de todo cuando baila. Sin embargo creo que la emoción más grande, la principal, es sensibilizarse y conocer el propio cuerpo; es fundamental ese conocimiento de uno mismo, y también poder acercarse a la otra persona y respetarla. Ese respeto por el cuerpo, creo, es lo que más ha dejado el tango en mí”.

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A lo largo de muchos años, a pesar de ser un ritmo foráneo, el tango ha hecho parte de la cultura colombiana, hecho que se afianza con las nuevas generaciones. “No importa que el tango sea de Buenos Aires, no importa su procedencia, sino cómo lo adaptamos y lo convertimos en un estilo de vida. Ahora los colombianos bailan tango”, reflexionan de viva voz los jóvenes tangueros.

La historia de Gardel, de cómo Medellín lo vio pasar a la eternidad y a la historia mundial consagrándolo como un hijo propio, no es ya el único vínculo del tango con nuestro país. El interés por el tema se ha extendido a cuestiones históricas y culturales, y ha cubierto otras regiones del país como Cali y Bogotá en las que el rigor y el alto nivel de los bailarines no tienen discusión. “En Colombia aún existe la sensación de que el tango es algo muy ‘paisa’, y solo para presentaciones de escenario, pero en este momento gracias a Piazzolla y a otras escuelas se ha venido trabajando para implementar más la propuesta del tango de salón, que corresponde mejor a la danza argentina, y a la que puede acceder cualquier persona”, recalcan los bailarines de la escuela, quienes no creen que la promoción del tango vaya en contravía del folclor nacional, sino que por el contrario, aviva un vínculo y una integración regional que buena falta hace entre los pueblos de Latinoamérica.

Esta evolución ya está dando sus frutos. En el campeonato mundial de tango realizado en Buenos Aires en agosto de este año, el país fuera de Argentina que más representación tuvo fue Colombia, y la pareja conformada por Diana Giraldo y Carlos Paredes se llevó el primer puesto en la categoría de tango escenario, sobre más de 400 parejas participantes provenientes de 101 ciudades del mundo, en especial de la propia capital argentina.

 

 



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