Las poblaciones que rodean San Gil también tienen lo suyo, hecho que permite ampliar el catálogo de un paso majestuoso. A media hora se encuentra la historia de Socorro, cuna de la revolución comunera, y que refleja parte de la fama bravía de los santandereanos que dejaron los años de la conquista española para convertirse en atentos anfitriones.
Un poco más allá está el denominado “pueblito más bello de Colombia”, Barichara, fue declarado monumento nacional y está rodeado por el campeón de la imponencia: el Cañón de Chicamocha, que se disfruta desde un mirador al borde del paraíso. Sin contar las casas coloniales y los visitantes ilustres que recorren las calles de piedra y la pasividad que se respira como contexto del mejor ambiente para descansar.
Pero muchas de las piedras que se recorren por estos clásicos caminos fueron talladas en Guane, lugar especializado en fósiles y donde la típica comida santandereana deleita a los comensales que buscan platos exóticos representados por el cabro y la pepitoria, un arroz lleno de sorpresas.
Los caminos de piedra del ingeniero alemán Geo Von Lengerke todavía siguen en pie. Fueron creados para que las mulas pudiesen llevar mercado y mercancías entre pueblo y pueblo y por allí los amigos de las caminatas ecológicas encuentran nuevos senderos con cierto nivel de desafío que comunican a Barichara con Guane y que pueden ser recorridos entre una y dos horas, dependiendo del paso aventurero.
Curití y su Pescaderito merecen capítulo aparte. A media hora de San Gil la naturaleza sigue sorprendiendo, acá se mezcla el agua con las formaciones geológicas. Justo en el medio del Cañón de Chicamocha, referente del recorrido, los pozos de agua natural y las salvajes rocas hacen creer que la recreación al natural todavía existen en Colombia, representado en trampolines de piedra, agua refrescante y un sol abrasador.
También hay opción para los que gozan con las alturas, los escaladores encuentran en pleno Cañón paredes de piedra con rutas clasificadas por grados de dificultad. Cuerdas, mosquetones, ochos, los implementos de seguridad y el ímpetu son los ingredientes de una aventura que requiere preparación, precaución y asesoría de expertos que vienen desde todos los puntos del país para medírsele al reto santandereano.
Esta breve reseña puede tomarse un descanso en el Valle de San José, otro poblado a 15 minutos de San Gil, su atractivo no se mide en el turismo, se materializa en la sazón de una anciana llamada Doña Eustaquia, creadora de los chorizos más cotizados de la región que se preparan en guarapo, bebida de panela fermentada creada para ser la causa de monumentales borracheras.
Aún lo narrado acá no acaba con describir todo lo que esta región encierra, se necesitan unos días para vivirlo, sentirlo y gozarlo en carne propia. Una sucursal del paraíso que se ubica a seis horas de Bogotá y a tres de Bucaramanga, en pleno corazón de Santander.
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