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En las entrañas de la cueva del Indio
Las cuevas son otro activo de los alrededores de San Gil, está la Antigua, la del Yeso, de la Vaca en Curití y la del Indio en Páramo que ofrece un paso en polea, un trayecto de una hora y un salto de casi seis metros a un pozo de agua... todo bajo las mismas piedras.
Varias emociones juntas se experimentan al entrar a una cueva, se vive el miedo a la oscuridad, los murciélagos, los espacios reducidos y las caídas, pero la cueva del Indio en Páramo, a 20 minutos de San Gil, tiene otros elementos que la hacen especial. Todo inicia en el parque de la pequeña población santandereana.
Allí luego de contactar un carro expreso que cobra 2.000 pesos el pasaje por persona desde San Gil o irse en el bus municipal se arriba a Total Expedition Aventure, empresa turística que ofrece la cueva y que se ubica en una de las esquinas del parque, el único de Páramo. Allí se pagan en promedio 30 mil pesos por el viaje al centro de la tierra.
Lo primero que hacen los guías es mostrar un video de lo que se encuentra en la cueva, allí se dan unas recomendaciones que luego son recordadas por el experto. El video muestra parte de los recorridos, zonas especiales de la caverna y descripción del terreno que se visitará.
Luego de hacer las preguntas y dar los recomendaciones correspondientes, cada persona debe firmar un documento en el que se responsabiliza de cualquier accidente ocurrido en el recorrido, esto se hace con el propósito de que los turistas conozcan el riesgo y asuman su responsabilidad por cualquier imprudencia. Cabe anotar que nunca han ocurrido accidentes de gravedad mientras las visitas son guiadas.
Después de la firma viene la entrega de equipos de protección: casco con linterna, chaleco salvavidas y un arnés estilo silla de bombero para ponerse en las piernas, su objeto es soportar el peso y dar seguridad para enfrentarse a la polea, primera señal de que el paseo arranca bien.
Una cuerda de unos 50 metros atraviesa un vacío que supera los 10 metros, desde el lugar de despegue hasta la entrada de la cueva hay unos segundos de intranquilidad para los que no son amigos de las alturas. “Ay Dios mío”, exclama una de las visitantes que no es muy amante de las aventuras pero que igual se atreve. Uno de los guías revisa que todo esté ajustado y seguro, allí con el impulso del propio cuerpo inicia el trayecto. |