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Al rato, el decidido Samuel David García, estudiante de Telecomunicaciones de las Unidades Tecnológicas de Santander, aterriza y muy serio dice: “Pensé que me iba a dar miedo, pues es mi primera vez, pero no, ha sido muy relajante”. Y también llega el primero del grupo de jóvenes que acompaña a Martha; es Gustavo Maya, un paisa de 27 años, ingeniero de petróleos que ha volado en parapente en San Gil, Santander; Medellín y en Sopó, cerca de Bogotá: “Aquí me ha parecido muy bueno el vuelo, no hay muchas corrientes de aire y se disfruta la travesía”, aseguró.

Mientras el parapentista inicia el trabajo de poner la vela en posición de despegue, la persona que desee volar es alistada con el casco y sujetada a la silla con el respectivo arnés, que a su vez está asegurado al ala y al arnés del piloto. Se le dice de donde sujetarse y luego que corra junto al deportista hasta que se eleven. Y al parecer en el aire, los temores desaparecen. “Arriba uno no siente ni frío, sólo la brisa constante sobre la cara y ver el paisaje, la montaña, una cascadita que hay allí detrás”, expresó Juan Manuel Arenas, un estudiante de bachillerato de 13 años, quien agrega: “Cuando ya íbamos a aterrizar el piloto me dijo que si quería vuelticas y yo dije que sí, y me parecieron muy bacanas”.

parepente listo aterrizar

‘La Mesa’ del parapente
La Mesa de Ruitoque está ubicada en el municipio de Floridablanca, departamento de Santander. Se llega a esta zona, por la autopista que conduce de Bucaramanga hacia el municipio de Piedecuesta, y se sube hacia ella, luego de transitar tres cuadras desde del sitio conocido como ‘Papi quiero piña’. Sobre la vía en ascenso, totalmente pavimentada, se localizan tres clubes que prestan el servicio de vuelo biplaza (para dos personas: piloto y pasajero). El primero es ‘Las Águilas’, sobre el borde de la carretera, en el sitio denominado ‘El nido’. Más adelante, está ‘Tierra firme’ y el último es el de ‘Vuelo libre’, que es el que posee una mayor extensión de terreno para el despegue y aterrizaje.

Los deportistas que desarrollan esta labor aprendieron en estas tierras a volar en parapente. La historia comienza en el año 1991 cuando el italiano Stephano Canugci llega a Bucaramanga y conoce el lugar donde hoy funciona el club ‘Vuelo libre’. En ese entonces en el lugar un grupo de muchachos aficionados al deporte extremo practicaban Ala Delta y planeadores a control remoto y estaban en la búsqueda de sitios para la práctica segura de sus nuevas aficiones, pues ya habían pasado por el Picacho, en Berlín (vía a Cúcuta), Guatiguará (Piedecuesta) y el municipio de Zapatoca, de donde los sacaron porque era ruta para el vuelo de aviones.

Canugci se dio cuenta que la Mesa de Ruitoque tenía las condiciones ideales para la práctica de parapente y fue cuando inició sus clases a los aficionados de Ala Delta. Así, Ralph Market, Nacho Pérez, Jaime Herrera y William García, quien ya había tomado clases de parapente en Bogotá, aprendieron y perfeccionaron sus conocimientos en este deporte, con las clases impartidas por Stephano, y se lanzaron a conquistar los cielos de ‘La Mesa’ , creando el club ‘Vuelo libre’, con personería jurídica desde agosto de 1994.

parapente

“Las condiciones aerológicas de ‘Vuelo libre’ son muy buenas, todo el año le pega de frente el viento en la misma dirección, es generoso en corrientes ascendentes y el aterrizaje es de fácil acceso”, asegura Stephano, mientras dirige por control remoto a uno de sus pupilos, para que haga un buen aterrizaje.

 



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