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Había dos planes para la tarde. Algunos optaban por ir en una buseta a conocer la parte más angosta del Río Magdalena y ver esa estructura montañosa conocida como Macizo Colombiano. Otros, en cambio, prefirieron los caballos en un paseo que recorre las inmediaciones del pueblo y que tiene a La Chaquira como objetivo. Se inició la cabalgata, 29 caballos y sus jinetes se adueñaban de San Agustín, algunos más diestros asumieron el liderazgo al mejor estilo de los ‘western’ gringos. Otros entablaban una amistad con el caballo que le correspondió, le hablaban, peleaban y regañaban por no seguir las instrucciones y el fiel cuadrúpedo entendía, se estrechaban lazos con la naturaleza, una especie de reconciliación. Caminos pequeños, puentes, pozos de agua hacieron parte del itinerario que es hidratado por un excepcional guarapo que se rotó por entre el lote de jinetes. Se bajó una gran montaña y se llegó al destino, los caballos se quedaron arriba y llegó otro inolvidable momento: conocer La Chaquira, un personaje de piedra que mira un verde paisaje alucinante que se asemeja a un cañón por el cual pasa el Magdalena.
El paseo de regreso representaba un mejor manejo de lo caballos. Ellos respetaban a sus temporales amos y los conducían al lugar de partida. Llegó la noche y un asado tradicional se asomó, esa es la magia del Huila. De regresoHabía que aprovisionarse de los recuerdos: manillas, palos de agua, collares y esculturas en miniatura que representarán la cultura de San Agustín… era hora de hacer maletas y regresar por otra ruta llena de verde, paisajes espectaculares y cordialidad. La idea era llegar a Garzón a almorzar y conocer sus encantos. La segunda población huilense muestra que no es tan pequeña como la imaginación depara. Es un municipio que le apuesta al crecimiento económico gracias a la agricultura, fundamentalmente al café y las frutas. La piscicultura también tiene su parte y la mojarra ya tiene un sitial entre las mejores del país. El hogar de las brujas fue el siguiente destino, así se conoce La Jagua; otro municipio que tiene como símbolo una mujer narizona voladora sobre su escoba. En el bus ya de regreso a Bogotá muchos durmieron, otros miraron el paisaje y algunos más vieron películas… la certeza es que todos concluyeron que el Huila es un departamento lleno de color, emoción, magia y aventura de una región que le apuesta al turismo, por todos sus potenciales, y por el carisma de su gente que vuelven especial toda su tierra. Este es el fin de una aventura que terminó de regreso en Bogotá, pero el inicio de un grupo de muchachos que tiene la certeza de construir un país partiendo del principio de reconocer el patrimonio nacional comenzando por el territorio huilense, región de la que solo queda decir “péguese la rodadita”.
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