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Guerreros de Terracota / Reportaje / Las estatuas “Todos los rostros son distintos”, dice Carlos Serrano, asistente de la Curaduría de las Colecciones de Arqueología y Etnografía del Museo, “cada uno tiene rasgos que les permite diferenciarse de los demás y eso una de las cosas que más sorprende. Los detalles hacen apreciar la dimensión de este legado, incluso se tomaron la molestia de hacer una especie de suela en las sandalias”, sostiene Serrano quien hizo parte del proceso de planeación y montaje de la muestra.
Los detalles y la minucia de las armas, monedas, rostros, estatuas y herramientas que conforman las más de 70 piezas son dados por el guía, las preguntas van y vienen como si fueran las mismas estatuas las que hablan. La imponencia de las figuras asustan a los más chicos y sorprenden a los más grandes. “Los datos están en los libros y hasta en el Internet, pero la oportunidad de ver las cosas que el hombre ha construido es irrepetible y esto es apasionante”, afirma Carolina Landínez, una estudiante universitaria con cara de admiración. Una pieza en particular atrae la atención, se trata de la llamada acróbata, que muestra una figura obesa de una de las estatuas que no hace parte de las figuras tradicionales. No tiene cabeza y se nota que fue reconstruido pieza por pieza para su restauración. Álvaro Qin Shihuang se imagina, gracias a los relatos del guía, que este personaje hacía parte de su corte real con quien fue enterrado hace más de 2.000 años. Poco a poco la historia contada en la sala del Museo Nacional se va acabando, cada asistente se toma las fotos sin flash y haciendo los comentarios respectivos, otra vuelta rápida para verlos por última vez porque a mediados de septiembre se vuelven a ir. En una esquina, Álvaro no se imagina dirigiendo un reino ni mandando a hacer un ejército de barro para que lo acompañe en su muerte, pero ya entiende la historia, sabe el por qué de la importancia de la exposición y le pedirá a su papá que lo siga llevando al Museo. Por ahora su interés se pasa a la sala adjunta, donde la parte lúdica está por comenzar. De China a TierradentroNo solo los guerreros están en el Museo Nacional, en la sala contigua otra muestra hace parte de la gran exposición. Cuando los chinos hacían sus imponentes figuras de barro, los indígenas precolombinos tallaban sus propias estatuas con fines sepulcrales y fueron descubiertas en San Agustín y Tierradentro, en el Huila. “Esta sala se creó con la intención de mostrar también nuestro legado, que nuestros antepasados también fueron importantes y que tenemos una historia que reconocer y que admirar”, sostiene Margarita Mora, jefe de prensa del Museo.
“Allí se hace un paralelo entre las dos muestras arqueológicas, se muestran como se realizan las excavaciones, se narra la manera en que fueron descubiertas y con muchos juegos se les muestra a los niños y a los grandes de la importancia de esta herencia”, explica Serrano, quien hizo parte del equipo creador de estos resistentes rompecabezas, a prueba de niños. En esta sala Álvaro Qin Shihuang se le olvida que hacía unos minutos encarnó al legendario emperador. Los muestras didácticas los vuelven niño de nuevo y ahora el reto es armar los gigantes rompecabezas, ya sabe que esta visita al Museo Nacional puede ser el punto de partida para que siga escribiendo la historia de su país: Colombia.
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