
Otra estación
El siguiente destino fue la población de Garzón, a dos horas de Neiva y considerada la segunda ciudad más grande del departamento. Antes de emprender el camino, aparecieron varios competidores contando que la Toyota Prado que competía por la categoría T1 (los más experimentados) se había volcado. El saldo no dejó ninguna lesión de gravedad sólo la salida de competencia de los mismos pilotos: “Uno sabe a lo que se expone cuando viene a un evento como este”, así que en el Rally todo puede suceder y “seguramente el piloto de la Prado volverá a la próxima válida”, dijeron riendo.
Emprendimos uno de los recorridos más lindos de todo el viaje, no sin antes decir que ya los signos de cansancio se reflejaban en las ojeras de más de un periodista y los bostezos de otros cuantos. Las papas fritas, los panes y las gaseosas se convirtieron en la comida perfecta para engañar al almuerzo y seguir el camino. Buscamos el siguiente punto para llegar a un pueblo llamado Palermo, en donde los habitantes se agolparon en las calles y las esquinas como si estuvieran regalando comida. La gente no podía perderse el Rally, un evento del que saben no volverán a disfrutar por mucho tiempo.

La caravana se ubicó de frente a un escenario repleto de niños y ancianos, a los que la Alcaldía del municipio les había organizado una jornada pedagógica. El Sanjuanero paró al público de sus sillas y como por arte de magia todos se movían al son de este baile típico de la región. Sin embargo el fin era otro. El sonido de las KTM ya se escuchaba voltear por la esquina del parque principal y ahí de nuevo llegó el alboroto para tratar de captar la rapidez de los motores en una imagen.
Comida, agua, energizante o simplemente
un breve sueñito
para recargar las baterías era lo que todos ansiábamos,
hecho imposible porque la travesía debía continuar.
Se recorren alrededor de 100 kilómetros entre Teruel, Yaguará,
Tesalia, Paicol para encontrar lo inimaginable en el pueblo de la
meta: Garzón. Sus pobladores sacan banderas de Colombia para
alentar a los pilotos a su llegada. Cientos de personas esperan con
ansias para ver a esos ‘monstruos’, que pueden andar
a más de 150 kilómetros por hora. Gritaban como locos ¡Hágale,
hágale ya casi llega!, ¡Vamos, vamos, no se rindan!.
Y en el parque principal de Garzón todo un montaje de sonido y pancartas esperan a los ganadores. Lo increíble estuvo en la llegada. Nos reciben como héroes de competencia y los que hasta el momento éramos periodistas, pasamos a ser grandes competidores del Rally. Decenas de niños se abalanzaron en manada para pedirnos autógrafos –sí, leyeron bien autógrafos-. “Uy es una mujer”, decían algunos, otros simplemente nos tocaban para saber si éramos de carne y hueso. En ese instante nos sentíamos como los Schumacher criollos del ‘Rally Raid Tatacoa 500’.
Entrevistas y más entrevistas se veían por los alrededores de la meta, algunas hechas por los periodistas, otras hechas a los periodistas. Era un ir y venir de cámaras fotográficas, de video y grabadoras reproductoras. Garzón se convirtió en el centro de todas las miradas del Huila. Se acabó la fiesta y ahora sí a comer. Un baño refrescante espera en el hotel Casablanca a una cuadra del parque principal. Allí, por unos instantes, todo volvió a la normalidad.