
No todo podía se color de rosa para los jóvenes coristas de las universidades. Este movimiento ha tenido una gran decaída por aspectos que van desde la falta de interés de algunas directivas para sostener a sus corales, la desunión entre las distintas agrupaciones y la crisis económica que ha convertido a la cultura en una cenicienta.
Libardo Barrero, director del coro de la Universidad Industrial de Santander, uno de los más antiguos con 43 años de existencia, asegura que al movimiento coral colombiano le ha faltado apoyo moral y económico.
“Las universidades no asumen el compromiso con sus agrupaciones y han dejado morir este movimiento cultural”. Barrero comenta que en el caso de su coral que está integrada por 25 estudiantes de distintas carreras han llegado a extremos como cancelar su participación el 12 de julio en un concurso internacional en España, al que pocos coros clasifican, porque no tenían recursos económicos para desplazar a sus estudiantes.

“La universidad nos colabora con un porcentaje muy pequeño y los muchachos tienen que poner el resto. A veces es imposible poder cubrirlo todo”.
A esta queja se une Jorge Mendoza, director del Coro Universitario Eafit, y argumenta que para las entidades públicas y privadas apoyar a una coral no representa ganancias en términos económicos. “También hemos tenido que desistir de viajes internacionales a mostrar nuestro trabajo porque nuestra universidad sufrió una redistribución presupuestal y el dinero para la cultura disminuyó”.
A la crisis económica que atraviesan algunas entidades se suma la falta de unión entre las distintas agrupaciones para sortear dificultades y llegar a soluciones como gremio.
En Colombia existe la Corporación Coral Colombiana que agremia a 15 grupos entre los cuales sólo dos son universitarios. La Universidad de Los Andes y la Santo Tomás de Aquino de Bogotá son las únicas entidades cuyas corales forman parte de este grupo.
Marietta Sáchica Forero, vicepresidenta de la Corporación Coral Colombiana aseguró que han extendido la invitación a todas las universidades para que pertenezcan a la agremiación pero han encontrado que a la gente no le interesa pertenecer. “En este momento veo a la corporación un poco estancada. Hay una gran lejanía y aunque a todos nos mueve el interés por la música y la cultura cada uno tira por su lado”, agrega Sáchica Forero.
Para la directora de la coral de la Universidad de los Andes, Juanita Eslava Mejía, la falta de voluntad entre los directores de corales para consolidarse como un gremio es un factor que ha llevado a que este movimiento se encuentre en crisis. “Todos estamos tan concentrados en nuestras actividades internas que hemos olvidado que si nos unimos podemos gestionar fondos y sacar adelante la proyección de nuestras corales”.

Pese a estas dificultades sin duda las corales universitarias colombianas siguen su empecinado esfuerzo para salir adelante y darle la oportunidad a los estudiantes para que le pongan el toque sonoro a la U.