Una carrera para desafiar el olvido
A Fernando Báez el tema de la destrucción de libros parece estarlo persiguiendo aún desde muy niño. Este venezolano, de 34 años, es una autoridad mundial en investigaciones bibliotecológicas y como delegado de la Unesco visitó Irak en 2003, tras la incursión estadounidense, para hacer un balance de la destrucción del patrimonio histórico de la cultura iraquí. Durante su estadía en Bucaramanga para asistir como invitado internacional a la feria del libro Ulibro 2005, vuelve su pensamiento hacia el pasado para recordar su primera gran pérdida literaria. Este hecho ocurrió cuando el tan sólo contaba con cuatro años y la creciente del río Caroní arrasó con la biblioteca de su pueblo natal San Félix de Guayana. Lugar que Báez consideraba su hogar, porque allí pasaba todo su tiempo mientras su humilde familia salía a trabajar. “Yo usaba la lectura como una estrategia para sobrevivir a la pobreza. Por eso cuando el agua se llevó mi biblioteca, sentí como si se llevara mi propia casa”, narra con nostalgia Báez, mientras busca el tabaco que añadirá a su pipa. Continúa su narración contando como vio los volúmenes de su vieja biblioteca flotando entre las aguas del río, escenas que 28 años después volvería a apreciar en Irak, pero esta vez causadas por el horror de la guerra.
Los libros fueron los fieles compañeros de este venezolano durante su niñez porque para él éstos pequeños objetos le permitían viajar en el tiempo y el espacio, como el mismo lo añade “escuchaba con sus ojos las maravillas del mundo”. Esto marcó un camino que lo llevaría a ser hoy un estudioso de ellos y un luchador por su preservación en todo el mundo. Las señales en su vida se volvieron a presentar durante su adolescencia, en la que presenciaría su primera quema de libros, efectuada por sus compañeros de colegio. Éstos en un momento de intensa exaltación prendieron una hoguera y exorcizaron sus demonios arrojando al fuego sus textos escolares. Más adelante a sus 19 años, cuando trabajaba como vendedor de enciclopedias y biblias, para poder seguir estudiando, la humilde casa que servía como bodega de los textos fue consumida por la llamas. Pero esta cadena de desgracias sólo lo impulsaron a continuar con su educación y a entender que si se destruye la memoria que preservan los libros, también se destruye el corazón del hombre mismo. ‘Bibliocautos’ a través de 55 siglos de historia Fernando Báez ha dedicado 12 años de su vida a recoger los hechos que en la historia han marcado la desaparición de libros vitales para la humanidad. Estos acontecimientos se encuentran consignados en su libro ‘Historia universal de la destrucción de libros: desde las tablillas sumerias a la guerra de Iraq’ y recuerdan ‘bibliocaustos’ –quema de libros- como el de la destrucción de la biblioteca de Alejandría, la quema de la biblioteca de Persópolis ordenada por Alejandro Magno y la destrucción por parte de frailes franciscanos de los libros aztecas en México. También se mencionan la quema de obras judías durante el holocausto Nazi y hechos similares ocurridos bajo la dictadura de Augusto Pinochet en Chile y más recientemente la generada por la incursión estadounidense en Irak en abril de 2003. De ésta última Báez da testimonio fidedigno porque como enviado por la Unesco para realizar un balance de las pérdidas para la memoria iraquí, presenció los despojos dejados por los mísiles y los saqueos que se realizaron durante la incursión. “Hay un grado de perversión en el gobierno de Estados Unidos, que yo considero que esa destrucción se hizo con el consentimiento de Bush”. Este latinoamericano da testimonio sobre la pérdida de un millón de libros, 10 millones de documentos y 14 mil piezas artísticas en Irak y que considera es el mayor desastre cultural desde que los descendientes de Gengis Khan asolaron Bagdad en 1258. El venezolano narra por ejemplo que en las fronteras iraquíes militares estadounidenses ofrecen tablillas sumerias hasta por 57 mil dólares (132 millones de pesos). Además agrega que en esta destrucción se perdieron elementos vitales para la humanidad que habrían permitido rescribir varios pasajes de la historia. “La humanidad asistió, silenciosa y sumisa a la primera gran destrucción de libros llevada a cabo en el siglo XXI”, manifiesta el experto, no sin antes aclarar que éste es un hecho que cada cierto tiempo se presenta y que la humanidad está condenada a repetir. Y la explicación a tal afirmación la fundamenta Báez diciendo que cuando un nuevo líder surge en el panorama, este quiere enterrar por completo la cultura de su oponente, y una forma efectiva de realizarlo es aniquilando a los únicos testigos de su desarrollo como comunidad: los libros. Agrega que “Aniquilar la memoria de un pueblo es asestar un golpe directo al corazón de su cultura” y además es una forma de acceso a otro tipo de riquezas, que en el caso Iraquí sería el petróleo, ya que este país del medio oriente es una de las grandes reservas de combustible que tiene el mundo. Como consecuencia de sus afirmaciones Báez tiene negado su acceso a Estados Unidos y está acusado de difamar a Washington. Entre las acusaciones que se generaron tras las observaciones del venezolano en territorio árabe están la violación por parte de los norteamericanos de la Convención de La Haya de 1954. Ésta es la norma que se creó después de la Segunda Guerra Mundial para proteger el patrimonio cultural de los pueblos en momentos de conflicto bélico. En el caso iraquí, la norma quedó como tinta sobre papel, ante lo cual Báez añadió que detrás de estos compromisos siempre hay mucha retórica. “Lo importante es lo que en la práctica se pueda realizar. Por ejemplo insistir a través de las escuelas y las universidades en el amor por el libro. Fomentar el interés por aprender de estos objetos y preservarlos en el tiempo como un arma para evitar el olvido”. Curiosidades y grandes paradojas “Los mayores enemigos de los libros son los intelectuales”, asegura Báez mientras reseña que una de las grandes ironías de la historia es precisamente que bajo el mandato de hombres cultos se hayan desarrollado barbaries contra el patrimonio cultural y científico. Agrega como casos el del novelista ruso Vladimir Nabokov, que quemó ‘El Quijote’ delante de sus estudiantes ó el de Adolfo Hitler que recibió con beneplácito que los estudiantes alemanes exterminaran libros escritos por judíos. El experto venezolano agrega que durante su estudio de la historia ha encontrado que elementos como el fuego generan gran atracción entre los intelectuales. No en vano el fuego es un elemento de supervivencia, es el infierno y la condenación al olvido. A la vez simboliza el cambio y la iniciación de un nuevo camino. Y el libro es un arma para evitar ese olvido, es el instrumento que asegura la memoria de los pueblos y su perpetuidad en el tiempo. “El libro es un arma de destrucción masiva porque destruye la ignorancia”. |
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