
El teatro colombiano en tres actos“El teatro no puede desaparecer porque es el único arte donde la humanidad se enfrenta a si misma”, Arthur Miller La luz se apaga e inicia la fiesta... el goce del teatro. Aquel que con el cuerpo y la voz construye otros mundos y los pone en los sentidos de los que quieren, que vuela con el espíritu y busca una absoluta alegría, así se base en la tragedia. Llegan los aplausos. Cuatro voces hablan de la estructura del teatro en Colombia, cuatro voces exponen lo complejo y a la vez simple de este modo de vivir.
Primer acto – el talentoEl sentimiento por el teatro en Colombia parte de la mano de unos soñadores que creen fervientemente en el talento de quienes se esfuerzan por llevar una vida en este mundo. Se reconoce en términos generales que no existe una cultura teatral pero se respira un renacer en lo que concierne al talento y a la capacidad de aprendizaje. Para Diego Pombo, encargado de los montajes del grupo Barco Ebrio de Cali, en este medio hay de todo. “Se nota la diferencia entre los que inician y quienes ya tienen experiencia, todo responde a un proceso natural debido a que cada vez hay más información de los espectáculos y, por lo tanto, contacto con los artistas y sus obras. Hay parámetros en cuestión de montajes y todo ello sirve mucho a quienes está en la formación en el movimiento escénico nacional”.
Pero más que una muestra de habilidad es un asunto que sobrepasa las dimensiones de lo normal. Manuel Sierra, director de Domus Teatro, considera que el teatro en Colombia “es una supervivencia meritoria... es una expresión artística que no sólo persiste, se transforma, patalea y sobrevive. Lo que es bueno siempre cuesta”, afirma. Le suma que en Colombia hay una voluntad de inteligencia por la situación difícil que se vive. Esa voluntad piensa en el arte como única posibilidad para la convivencia, para rescatar al país por este medio. Uno de los más veteranos teatreros en el país es el antioqueño Gilberto Martínez que ha sido testigo de gran parte de la historia de las tablas. Para él, el talento colombiano para hacer arte es altísimo en parte por la exuberancia del país en todos los sentidos. “Desafortunadamente hemos llegado tarde a la cultura del teatro, los medios y las técnicas son desconocidas en muchos casos para nosotros. No hay talento si un actor no prepara su instrumento: su voz y su cuerpo”, sostiene Martínez quien lidera el proyecto Casa Teatro en Medellín. A esto Cristóbal Peláez, director del galardonado Matacandelas de Medellín, le añade que si existe alguna deficiencia se centra en la falta de capacitación y formación para quienes dirigen los procesos. “Colombia tiene un problema muy grave y son los directores. Somos empíricos y muchos nos hemos fortalecido técnicamente pero hemos descuidado la parte estética y filosófica”. Según Peláez los directores son unos papás para los muchachos que llegan en busca de calor, son quienes fortalecen el espíritu del humano para volverlo actor y esa mezcla es la que hace del colombiano un defensor del lenguaje y del arte. |