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Para que rueden los sueños
El mundo volvió a mirar a Montes de María cuando su gente se hizo acreedora a un Premio Nacional de Paz. Pero desde antes de ese día la gente que conforma los 15 municipios de esta zona, ubicada entre Bolívar y Sucre, era consciente de que ni la guerra, ni la violencia, ni el miedo pueden llevarse sus anhelos de paz.
La historia comienza con la idea de un grupo de personas encabezado por Soraya Bayuelo, que tercamente se empeñaron en promover espacios donde la violencia no tuviera entrada y en cambio la comunidad pudiera participar del cine y aprender de él.
“Lo que buscamos a través del cineclub ‘La rosa púrpura del Cairo’ es formar un espacio vital que le permita a la gente volver a la calle y dejar atrás el miedo que provoca la violencia”
Bajo las estrellas de plazas como la de Benko Biohó de Palenque, la de San Juan Nepomuceno, San Jacinto y El Carmen de Bolívar desde hace tres años se están proyectado películas que hablan de otras realidades ubicadas a cientos de kilómetros de allí. Realidades ajenas que han hecho que los habitantes de estos municipios, declarados por el gobierno como 'Zonas de rehabilitación', se concentren en un telón blanco y olviden por una o dos horas que en la vida real comparten escena con todos los actores armados del país.
“Lo que buscamos a través del cineclub ‘La rosa púrpura del Cairo’ es formar un espacio vital que le permita a la gente volver a la calle y dejar atrás el miedo que provoca la violencia”, señala con energía Soraya mientras continúa hablando del proyecto ‘Cinta de sueños’ como si fuera un cuento de hadas.
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Y Soraya sonríe con cada palabra que dice como si fuera la primera vez que echa su cuento. Un cuento que ya va para diez años, porque a parte del cine itinerante por los Montes de María, han realizado proyectos para integrar a la comunidad y brindarles un bienestar, aunque sea, a través de la cultura.
Agrega la robusta mujer que “este proyecto articula no sólo la proyección al aire libre para la formación de público sino que busca que los jóvenes se formen en la producción de historias”. |
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| Gente de Turbaco |
Para ella y su grupo de soñadores es importante que la gente pueda contar sus propias vivencias usando como herramienta el cine. Por eso en la sede del colectivo, que está en Carmen de Bolívar, tienen un grupo de 21 jóvenes a quienes están formando para que algún día estén tan diestros en el arte, que se conviertan en los cineastas que muestren las escenas perdidas de guerra y de paz de esta parte de Colombia.
| Tocando y tocando puertas han conseguido que entidades internacionales como la Cooperación Técnica Alemana (GTZ) les apoye económicamente para poder sacar adelante su proyecto, al que bien han tenido en bautizar como ‘Cinta de sueños y Cuentos de siempre’. También uno que otro cineasta con sentido social se ha aparecido por allá, para brindarles charlas gratis a sus pupilos y hablarles del cine que se está haciendo en el país. Todo para que las imágenes en movimiento que se pasean por los Montes de María se conviertan en esperanza de vida. |
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| Antonio Fernandez el primer gaitero de San Jacinto (Bolívar) |
Gente con otro rollo
Así como en Montes de Maria el cineclub ha generado un espacio alternativo de paz, en otros lugares del país la misma experiencia se repite y se consolida con el paso de los días. En ese escenario son las Universidades las principales gestoras de un movimiento que convoca a la gente joven alrededor del cine. Este es el caso del cineclub de la Universidad Libre de Bogotá que durante veinte años ha promovido la formación de público.
Uno de los miembros de este espacio es Ricardo García Ortiz quien narró que la curiosidad por el cine y el apasionamiento de los jóvenes por saber cada día más del séptimo arte han sido el secreto para que este cuento haya perdurado en el tiempo.
“El cineclub es una oportunidad maravillosa para explorar situaciones y expresiones que no se pueden apreciar a través del libro o una charla”, agrega el gomoso muchacho.
Aunque las condiciones benefician sin duda a la capital del país por tener una infraestructura mejor montada y ser la ciudad a la que primero llegan los estrenos hay otras ciudades como Medellín en donde el movimiento cineclubístico también tiene gran repercusión.
Jerónimo León Rivera, coordinador del cineclub ‘El perro andaluz’, de la Universidad de Medellín, señaló que entre los paisas el auge de los grupos amantes del cine ha sido tal que en el último conteo que se hizo se encontró que hay cerca de 30 grupos en toda la ciudad.
Eso sí, se abren tantos clubes como se cierran, pero según Rivera la intención es honesta y se debe apoyar hasta donde sea posible.
‘El perro andaluz’ convoca semanalmente cerca de 90 personas que asisten a su programación aún sin saber qué es lo que van a ver. “Uno de los indicadores que nos muestra que se está generando una formación de público es que la gente confía en el criterio del cineclub y asiste”.
| La costa también tiene su semilla plantada y en universidades como la del Norte de Barranquilla funciona de corrido el cineclub Cayena del que hace parte Milena Flórez. Para ella, este año ha sido fundamental para darse a conocer dentro de la universidad y proyectarse a la comunidad. |
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| Asociación |
“Nos pusimos de moda en la u y ya no tenemos que salir a convocar a la gente, sino que ésta llega buscando la programación”, agrega Flórez.
Pero sin duda la misión de los cineclubes no sólo se limita a la formación de público para la apreciación cinematográfica, también están contribuyendo a enseñar a contar historias. Dentro de esta línea el Cineclub Borges de Pereira es una muestra de lo que esto significa.
John Wilson Ospina, coordinador del área social del cineclub, narró que su organización es una generadora de proyectos para llevar las imágenes en movimiento a todos los escenarios de la ciudad.
Es así como apoyados por entidades como el Instituto Municipal de Salud, el de Cultura y los colegios han podido sacar adelante proyectos de promoción del cine y apreciación cinematográfica.
La otra cara de la moneda de este movimiento de cine alternativo del país son las grandes dificultades a las que se ven sometidos quienes quieren seguir avante con la formación de público.
Ricardo García Ortiz, del cineclub de la Universidad Libre, señaló que la relación con las distribuidoras de películas es complicada porque se trata de dinero. “En 35 milímetros una proyección puede estar en unos 200 mil pesos. Los cineclubes por más apoyo que tengan de las entidades no cuentan con dinero propio porque no tienen animo de lucro”, agregó.
Problemas como la piratería de cintas, las difíciles relaciones con los distribuidores no son un secreto para Álvaro Serjé, ex director de la Asociación de cineclubes La Iguana, quien agregó que se están generando estrategias como los convenios con entidades culturales y las Embajadas para tener material de primera calidad y de manera legal que garantice la supervivencia del movimiento cineclubístico en el país.
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