
La tarde del domingo 26 de junio fue de nuevo verde en muchos lugares del territorio colombiano, especialmente en Medellín, cuna del Atlético Nacional, equipo que se coronó por octava vez en su historia como campeón.
Después del empate en Bogotá, Nacional tenía la responsabilidad de acabar con los fantasmas de la derrota que lo perseguían en las últimas tres finales: en 2003 jugó contra San Lorenzo de Argentina el título por la Copa Suramericana; en el primer semestre de 2004 se enfrentó a su rival de patio, Deportivo Independiente Medellín, por el campeonato local y seis meses después repitió en la final, esa vez ante el Junior de Barranquilla. Las tres finales las había perdido, la última de la manera más insólita, después de haber remontado un 0-3 adverso cayó en los penales, duro revés para los fieles hinchas verdes y para sus jugadores.
Pero este año la historia era diferente. El ambiente previo en la ciudad de la eterna primavera era de absoluta revolución. Hinchas con el poncho, el sombrero, la bandera, la sudadera, cornetas, pinturas y, por supuesto, la camiseta de Nacional eran el decorado, la moda y la constante en las calle de Medellín y en los alrededores del estadio Atanasio Giradot.

El árbitro Jorge Hernán Hoyos dio la orden del comienzo a las 4 de la tarde. La emoción por conocer al campeón se contenía. Los primeros minutos fueron de reconocimiento de dos equipos que se habían enfrentado en dos ocasiones sin sacar ventaja, había sido un 1-1 en Medellín y un 0-0 en el primer partido de la final en Bogotá.
Patadas que iban y venían para calibrar al rival y para imponer la autoridad, 'Chicho' Serna, especialista en este tipo de manejos, calentó con pierna fuerte el partido en el que no se quería regalar nada. Sus acciones excesivas no fueron sancionadas por el árbitro que tan solo le sacó tarjeta amarilla. Así se daba el trámite de los primeros instantes, fuerza y poca técnica en el medio campo.
El tedio y los nervios característicos de las finales se sacudieron gracias al accionar de Santa Fe, un tiro libre cobrado por Nelson Flórez y desviado por Luis Yánez casi abre la cuenta para los cardenales. Allí, como a lo largo del campeonato, Andrés Saldarriaga reaccionaba antes de que el balón entrara. Era un aviso.
Las proyecciones del estelar Sub 20, Juan Camilo Zúñiga, no hacían efecto porque el bloque defensivo de los rojos tenía más que controlado a Víctor Aristizábal y sus 16 goles. El 'Chumi' Álvarez, otro de los reemplazantes por la lesión de Édixon Perea, el otro goleador, no podía encarar. La defensa santafereña manejaba a su antojo el ataque verde. Por un lado Hugo Morales intentaba dar proyección y por el otro Aldo Leao Ramírez seguía siendo castigado por el medio campo de Nacional. Todo era solo intentos y con intentos se acababa la primera parte.