
No le caben más almas al estadio. Hay 52 mil personas y cientos de miles de hinchas en las calles de Medellín y en toda Colombia están pendientes de la definición del título. Santa Fe araña la opción de ser campeón ante Nacional en la final más justa de los últimos años. Los cardenales se ven en el fondo como una pequeña mancha roja en medio de un gran platón verde. La fiesta comienza.
La búsqueda para Carrillo es angustiosa, el 'rolo' no encuentra boleta y solo quedan 20 minutos para iniciar el partido, casi con lágrimas en los ojos desiste de su opción de entrar a ver el espectáculo en vivo y en directo... resignado se dirige a los negocios de la 70 para buscar una pantalla gigante que le permita vivir la fiesta a la que se embarcó la noche anterior en un bus intermunicipal.
Pero la cosa no es tan fácil. Es como en el estadio pero sin los anillos de seguridad, hay que pagar entrada y hacer cola. Los negocios también están hasta las banderas. $3.000 pesos cuesta el derecho a ver el partido en una tela proyectado por un video beam, hay que sumarle el consumo del trago, aguardiente o ron, y cerveza, la última opción. “En estas temporadas -señala el tendero- el guarito es el que más deja ganancia”.

“Oh, oh, oh y Nacional y olé, olé, y Nacional, olé, olé, y Nacional”, dice el coro de la canción que retumba en todas las emisoras, bares, bebederos y equipos de sonido caseros. La razón de su auge, además de la buena campaña del conjunto verde, es que se prensó el cd con todas las canciones y la piratería que lo distribuye a $5.000 lo hizo popular.
Se acerca la hora del partido y no queda más que los traguitos, las bendiciones y la concentración. “Empieza el Cristo a padecer”, dice una señora que superó hace rato las cuatro décadas y que considera al equipo de Medellín como otro de sus hijos. Ella está sentada en una mesa porque llegó temprano junto a sus hijas y sus yernos, Carrillo está en una esquina sólo, porque ya no había mesa, sufriendo y confiando a Dios la suerte del equipo y tratando de ver en medio de todas las cabezas la ‘pantalla gigante’.
Se inicia la tensión y comienza el partido. “Oh, oh, oh y Nacional y olé, olé, y Nacional, olé, olé, y Nacional” suena la canción y el aplauso pleno de bienvenida al juego inaugura las acciones deportivas. Bendiciones, brindis, alegría y nerviosismo caracterizan el momento.
“El partido está duro, ninguno quiere ceder”, opina otro de los teleespectadores con tono analítico y es así, a todas luces la final no es ‘papita pa’l loro’ como se creía en las calles paisas. Los meseros vienen y van recibiendo pedidos y de vez en cuando robándole una miradita a la pantalla, los sorbos se hacen largos por parte de la clientela y el partido se ve complicado.
“Uyyyyyyyyyyyy”, se escucha generalizado en el ambiente. Nacional se acaba de salvar, siguen los aplausos para la salvada del arquero Andrés Saldarriaga y un “papito” de una aficionada seducida por las habilidades del portero. Carrillo sigue esperando, mirando por el hueco que puede, en medio de las cabezas, la terminación del primer tiempo.
El descanso es aprovechado para ir al baño y para escuchar: “Oh, oh, oh y Nacional y olé, olé, y Nacional, olé, olé, y Nacional”...