El acto mágico de reunir a casi 30.000 personas durante una semana para escuchar a un grupo de cuenteros que solo tienen la palabra para atraer, encantar, hacer reír y emocionar se vive en el Festival Abrapalabra de Bucaramanga, un encuentro que reivindica la tradición oral.
“¿Alguna vez has escuchado que la luna que vemos es en realidad la cuarta luna que tenemos?, ¿Te has enterado de cómo apareció el fuego y las semillas del fríjol, del maní y del maíz sobre la tierra?, ¿Sabes que el sol y la luna en un principio fueron amantes y que se sacrificaron por nosotros para vencer a la oscuridad, transformándose en astros que brillan por la eternidad?... ¿No lo sabías...?”.
Con esas preguntas inicia el relato de Rafo Díaz, peruano que habla y cuenta sobre el Amazonas y las historias que hay detrás de la madreselva... tan lejana para los que no la conocen. Él vive del cuento, pero también del teatro, la pintura y la escritura. Se refugia en su arte para poder vivir de él.
Aunque el contar historias es una experiencia valiente no lo es tanto como para arriesgarse a vivir sólo de ello, dice Alexander Díaz ‘Mateo’, bogotano que recurre a la narración para balancear sus cargas, su otro trabajo, el serio como el mismo afirma, es en la Universidad de Los Andes de Bogotá como docente, investigador, literato y consultor, se formó como filósofo y estudió también humanidades clásicas y medievales. “Yo trabajo en mis carreras para sobrevivir y cuento cuentos para vivir”, sostiene el narrador que en escena ‘trama’ de gabán y corbata.
Otro de los invitados es Gonzalo Valderrama, asistente asiduo a los festivales, que se refugia en el humor –aunque a simple vista no parece- para vivir. Echar cuentos para Valderrama es la posibilidad para descargar toda la energía contenida, es que “soy súper pausado, calmado, casi autista. Y es arriba donde libero todo lo acumulado y me vuelvo frenético, agresivo, acelerado, etcétera”, dice el comunicador social de la Javeriana bogotana, que trabaja como guionista del programa radial de La Zaranda de RCN interpretando al personaje de Juan Rabón, entre otros.
¿De dónde salen las historias?
“Siempre solo,
Aplastadito,
Que nadie me quiere a mí...
Y me usan,
Pobrecito,
Sólo para hacer pipí...”
Fragmento de Siempre solo (canción del pene) de Sergio Dantí
La creatividad es la principal fuente de recurso del narrador argentino Sergio Dantí, él que se dedica a la música, la escritura y el teatro indaga constantemente en su cabeza para construir las historias que luego comparte con el público. “Todas los cuentos que narro y que canto son escritos por mí. Trato de hacerlas con mucho humor porque eso es lo que nos mantiene vivos. Sobre letras, sobre palabras, situaciones que imagino, cosas así”, sostiene el artista que comenzó como productor de teatro y que ‘perdió’ su virginidad en Colombia, no había venido nunca, menos a Bucaramanga.
“Gran parte del material lo ‘compuse’ entre el 91 y el 93 mientras estudiaba y la gran mayoría tiene que ver con mi vida, soy autobiográfico. Mis experiencias, reflexiones son la que llevo a escena. Como el 5% es de otros autores. Desde 1997 no creo nada ya que produje suficiente para bandearme en festival principalmente. No he tenido tanta necesidad”, puntualiza Valderrama, quien vive en escena sus cuentos como si fueran la primera presentación.
Todos tiene su historia y la viven, cada uno la cuenta a todo momento y todas son únicas, a eso le apunta Mateo que busca sus cuentos por ahí. “Tengo tres canteras. Primero, mis vivencias, cómo mis ojos ven el mundo; segundo, la cotidianidad, cómo los otros ven el mundo, y el gran cúmulo de historia oral, uno se nutre de los otros cuenteros y de la cultura gráfica y escrita, que se volvió en lenguaje oral”.
Para Rafo Díaz la mayoría de mitos y leyendas son escarbados en la tradición oral, investiga no sólo del Amazonas, su tierra, si no del mundo en general. “Es construido a partir del imaginario popular, de mis historias vividas la cual se convierte en algo como una técnica mixta. La base de la narración no es aprender de memoria, es contar de acuerdo a las circunstancias que nos rodean”, explica el cuentero amazónico.
Para muchos cuenteros la memoria juega un papel importante, aunque reconocen que cada vez se narra diferente y hay nuevos elementos en escena que les hacen dar giros inesperados en sus historias que sorprenden. “Una vez me presenté con una banda y en el ensayo uno de los músicos me dijo que tenía una canción para acompañar un cuento en el que la protagonista se enferma. Estábamos en escena, yo narraba y la banda comenzó a tocar. Fue tan intensa la mezcla que supe que tenía que matar al personaje femenino. Los músicos que conocían el texto se sorprenden y se quedan en silencio, fue mágico, al final terminamos llorando, conmovidos”, afirma Mateo.
Los gestos, las expresiones y los énfasis en determinada parte del cuento muchas veces son premeditados. Los artistas muchas veces se graban, se paran frente al espejo y ensayan, son críticos de si mismos pero su narración tiene que ver con lo que sientan del público. Excepto para Gonzalo Valderrama quien conoce sus cuentos cuando los lleva ante un auditorio y poco a poco los va puliendo, en la medida en la que su percepción y la del público le indican. “Tenemos un Dios interior que nos va diciendo si la cosa está funcionando o no, algo que nos permite medir la energía. No todos los públicos son iguales y por eso la intuición puede evitar momentos difíciles”, puntualiza Dantí.