Lo que se esconde en el mundo de los modelos
La vida de un modelo profesional se desenvuelve como la de cualquier otro empresario. Siempre está a la espera de conseguir contratos y campañas que le ayuden a soportar su bolsillo, mientras se ejercita en el gimnasio y se mantiene bello para su trabajo.
Nariz respingada, ojos profundos, piel tersa y joven, medidas y bronceado perfecto, abdominales marcadas, cintura de anillo y cola de pato, una descripción envidiable para cientos de jovencitas que quisieran parecerse a una modelo de esas que se ven en las revistas o catálogos de ropa, pero que para ellas mismas es su propia descripción, un estereotipo logrado con mucho sacrificio.
“Nadie pensaría que este cuerpo lo he hecho a lo largo de mi vida. Desde que tenía 11 años andaba maquillada y peinada todo el tiempo para salir en fotos y eventos, en vez de estar con mis amigas o jugando con las muñecas. Desde que tengo uso de razón mi vida gira en torno a los gimnasios, el buen comer, cero rumba y pocos amigos”, dice Norma Nivia, modelo de la agencia Stock Models, a la que solo hay que mirar detenidamente para darse cuenta que tiene un rostro que expresa todo el glamour, la armonía, la belleza y, sobre todo, que su cuerpo nació para triunfar en las pasarelas, obviamente dice que la naturaleza la premió, a los 12 años ya media 1.75 y eso para su profesión es una gran ventaja y sí que lo agradece.
Para llegar a ese mundo le tocó duró, se fue para Bogotá de su entrañable Líbano, Tolima, en donde creció, pero donde sintió que no llegaría muy lejos. Se acostumbró a vivir sola y se armó de valor para triunfar en el mundo que la vida le había preparado. Es famosa desde hace varios años, gracias a su fortaleza, su trabajo y porque ha tenido un ángel de la guarda que la acompaña a donde va. Ha vivido en México y España y desde esos lugares que parecen tan lejanos se sigue dejando tentar por Bogotá, su tierra y de donde salieron esos ojos azules para mostrar al mundo.