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Tejo: del turmequé a los Juegos Nacionales

Lo que nació hace más de 500 años como entretenimiento de los habitantes de la altiplanicie cundiboyacense llamado turmequé es hoy el deporte nacional de Colombia. Así lo determinó el Congreso de la República en junio de 2000 cuando fue sancionado por los legisladores como el rey.

Y que el tejo sea el deporte nacional no le dice nada a Agustín Zambrano, un asiduo practicante de la vieja herencia chibcha, ya que lo único que le importa es vencer a su compadre Juan Carlos Niño en su duelo quincenal de minitejo (versión reducida del tejo) a 10 mechas y con una canasta de cerveza.

Lo primordial en el tejo es el cálculo, la fuerza debe ser dominada por la puntería, cuando eso pasa el ‘mechazo’ o la explosión de la pañoleta -triángulo rosado con pólvora- indica que se ha llegado a lo más significativo del juego: quemar mecha.

“La puntería es lo que importa acá. Se hace un esfuerzo para quedar lo más cerca de la mecha posible porque eso da puntos, pero lo mejor es cuando la ‘totiamos’, es una alegría muy grande porque eso no es fácil”, dice esperanzado en la victoria Agustín quien busca revancha ya que 15 días antes Juan Carlos lo barrió hiriéndole el orgullo.


El éxito del tejo depende del cálculo del lanzador, en muchas ocasiones la cerveza es utilizada como afinador de puntería. FOTOS/ANDRÉS JÁCOME

Cómo se juega
Hay varias adaptaciones del tejo, la más tradicional consiste en introducir el tejo dentro de un círculo metálico conocido como tejín o bosín, en los bordes del círculo se colocan cuatro mechas. Quien logre hacer explotar el mayor número de mechas, gana la partida. Hay competencias individuales y por equipos.

Otra variedad es conocida como minitejo, que es lo mismo que su papá pero en proporciones más reducidas. Allí solo se coloca una mecha y gana más puntos quien la estalle. En ambos casos se juega en dos canchas que están frente a frente, usualmente la canasta de cerveza se encuentra a mitad de camino, ya que el constante ir y venir hace que la sed apremie un buen sorbo de fría cerveza. Tira primero quien quede más cerca del bosín y así sucesivamente.

A Claudia Ramírez no le emociona que su esposo juegue cada 15 días tejo, ella sabe que Agustín, su marido, tiene buena puntería, lo que le molesta es la lavada de la ropa ya que la base de las canchas es arcilla húmeda y en muchas ocasiones los tejistas usan su camisa y pantalón para limpiar sus manos del barro, así no se desliza el tejo y se logra el control de un mejor tiro.


El objetivo del juego es el de hacer llegar el tejo al centro de la cancha donde está el bosín y tratar de estallar la mecha. FOTOS /ANDRÉS JÁCOME

“Con lo que le saco de la ropa puedo hasta hacer una vasija, pero ya me aburrí de eso y a él es el que le toca la lavadita... yo apenas lo acompaño para mantenerlo vigilado”, dice entre en serio y en broma la señora de Zambrano mientras que Agustín responde con una sentencia: “en la casa arreglamos”.

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