Las tierras que tienen algún potencial agrícola en el país están bajo amenaza: ocho millones de hectáreas se encuentran tituladas o fueron entregadas en concesión para múltiples propósitos.

Las tierras, que se extienden desde el sur de la Guajira hasta Putumayo, están en peligro. Así lo aseguró Darío Fajardo Montaña, antropólogo de la UN y profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Externado de Colombia, en la segunda sesión de la Cátedra Mutis de este semestre: Seguridad alimentaria: un enfoque interdisciplinario.

Fajardo planteó que en la línea de política agraria que conforma el plan de desarrollo actual hay un sesgo anticampesino. El profesor expuso que, con la eliminación de la Unidad Agrícola Familiar (UAF), desapareció la posibilidad para los agricultores de ser beneficiarios de la titulación de tierras. El problema se agrava porque, a pesar de la actual ley de restitución, se registran ataques, asesinatos y amenazas a los líderes campesinos que fueron desplazados y que hoy reclaman la devolución de sus tierras.

“Inquieta que la nueva frontera de la agricultura colombiana es la que está representada en los ‘proyectos de la altillanura’: al extinguirse la UAF se establece la modalidad de la ‘empresarización’, que son asociaciones entre multinacionales y campesinos, y la extranjerización de las tierras, que favorece la titulación a las grandes empresas”, explicó el profesor Fajardo.

Dijo, además, que otro de los retos que afrontan los campesinos es el embate de la locomotora minera. Fajardo advirtió que existen elementos del panorama internacional que afectan directamente a Colombia, como el incremento de precios de los alimentos básicos.

Pero lo que más le preocupa al profesor es la coincidencia del comportamiento de los precios de los alimentos con los del petróleo. La relación que se establece entre estos precios se debe al desarrollo tecnológico de la agricultura. Este jueves un barril de petróleo se cotizó en la bolsa de Nueva York a $USD 106,56, mientras que una tonelada de azúcar (con el que se hace etanol) estuvo en $USD 547,84.

“Los aumentos en la producción y la productividad de los alimentos ocurren por la manipulación genética y la utilización de insumos agroquímicos sustentados en derivados del petróleo. Es decir, el alza de los precios del combustible arrastra los precios de los alimentos”, afirmó.

Los precios de algunos alimentos básicos como el arroz, el frijol, el maíz y la panela, agregó el profesor, están ajustados a la tendencia internacional: el costo de los alimentos incide en el comportamiento de los índices de precios al consumidor. El segundo elemento es el cambio climático, aunque Fajardo precisó que la tendencia al alza de los precios de los alimentos viene de antes. En Colombia la emergencia invernal afectó cerca de 1,3 millones de hectáreas del área agrícola cultivada.

Albert Berry, economista canadiense y profesor emérito de la Universidad de Toronto, también participó en la sesión de la cátedra y se refirió al tema de la seguridad alimentaria. Resaltó la necesidad de que el sistema político reconozca las ventajas del sector de los pequeños agricultores porque, además de darle vitalidad a la economía, las unidades familiares pueden aportar a la seguridad alimentaria al tener las familias campesinas la capacidad de producir sus propios alimentos.

“Las familias no tienen acceso a los alimentos no por falta de producción de estos, sino por un problema en la distribución y la carencia de recursos económicos”, aseguró. Aunque Colombia pasó de ser un país autosostenible a depender en un 50% de las importaciones de alimentos, el profesor Fajardo aseguró que no todo está perdido y que las asociaciones entre pequeñas y grandes empresas tienen sentido si las decisiones políticas no están en las manos de los poderosos.

“Es muy importante que nosotros como consumidores nos expresemos frente a la posibilidad, que se nos quiere negar, de producir nuestros propios recursos. Es doloroso constatar lo que le ha costado a Colombia cerrarle el paso a la reforma agraria. Lo estamos pagando a unos costos increíbles y, desafortunadamente, lo vamos a seguir haciendo. Y si en el país se llega de nuevo a un proceso de negociación del conflicto armado, la reforma va a volver a pedalear”, concluyó Fajardo.